Tener niños y mascotas en casa aporta muchos aspectos positivos a la familia, pero igual que debemos tener disciplina para niños y mascotas cuando los criamos por separado, debemos tomar otras precauciones cuando se crían juntos.

Una mascota aporta a la familia, además de un miembro más con todo lo que ello supone, un apoyo emocional que ayuda al desarrollo cognitivo del niño, a la adquisición de capacidades relacionadas con la responsabilidad (se trata un ser que depende física y emocionalmente del núcleo familiar) y la capacidad de resolución de problemas que conlleva tener una vida a nuestro cargo: planificación del tiempo que debemos dedicarles, habilitación de su espacio, educación… Además del desembolso económico en comida, veterinario, accesorios…

La convivencia de niños y mascotas en casa es una lección de aprendizaje familiar para todos. Los padres se encuentran en un reto continuo que le plantean sus hijos, algunos conocidos, y muchos de ellos inesperados. La figura del cuidador cumple un doble rol para los niños, ya que, responsabilizándose de su mascota, son a su vez cuidadores y cuidados. Deben aprender a cumplir las normas del hogar, a la vez que han de enseñar a su perro o gato para que aprenda a cumplir las suyas.

Si la mascota está en casa antes de la llegada del primer hijo, se desarrollará una relación casi fraternal, en la que el perro (si es el caso) participará en los juegos del niño y lo protegerá. Si la mascota llega después, puede ser el niño el que ejerza el papel de “hermano mayor” y se ocupe de las necesidades del nuevo cachorro, participando activamente en su educación.

Aunque los niños participen en la educación de la mascota y les ayude a comprender que son un juguete que pueden ignorar cuando se cansen ni dejarlos de lado, la responsabilidad final de su cuidado son los padres, quienes deben supervisar todo el tiempo que se cumple con las necesidades del animalito.

Las consecuencias de ser educado y criado junto a una mascota son un mayor sentido de la responsabilidad, emotividad, compasión y autoestima. La presencia de la mascota hace que la familia realice más actividades unida en actividades y juegos que los incluya a todos. Además, los niños suelen hablarle a la mascota, lo que hace que potencien aún más su capacidad comunicativa.

Hemos de prestar especial atención a las alergias. Padecer este tipo de problemas no significa que no podamos convivir con una mascota, ya que basta con tomar ciertas precauciones como restringir la presencia de la mascota en las habitaciones donde se encuentra la persona que sufre la alergia, cepillarlo a diario fuera de casa, bañarlo con un champú específico, limpiar diariamente los espacios donde pasa más tiempo y sacudir los textiles que utiliza y evitar en la medida de lo posible la presencia de textiles que acumulen las sustancias alérgicas que suelta el perro. También podemos consultar con un alergólogo.

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