Mamá: ¡no quiero ir al cole!

Cuando entré aquel día en la habitación de mi hijo de 12 años y que lo encontré desvanecido en el suelo con un fular atado en el cuello, ¡creo que no me volví loca de milagro! Debe ser porque al tocarle noté el calor de su cuerpo así como sus pulsaciones. Además, reaccioné con rapidez llamando al 112. Con ello, tuve la suerte que acudiera el servicio de emergencia casi en el acto y que allí mismo procediera a administrarle los primeros cuidados y a salvarle la vida. Acto seguido, se lo llevaron al hospital y tras varios días en cuidados intensivos y con ayuda psicológica, nos confesó a su padre y a mí que había sido acosado durante meses por unos compañeros en el colegio y que la única escapatoria a esta situación que se le había ocurrido había sido la muerte. Lo abracé con todas mis fuerzas y los ojos llenos de lágrimas le prometí que lo sacaría de ahí y que encontraría la mejor solución posible para ello. Me puse en contacto con el bufete Durán & Durán, un estudio de abogados con más de 20 años de experiencia, ejercitando en infinidad de casos, creado por Miguel Durán (Ex Director General de la ONCE) y su sobrino Miguel Ángel Durán Muñoz y que contaba con un abogado especialista en acoso escolar. Fue este último quien nos dijo que el acoso escolar era más frecuente de lo que uno se podía imaginar y que no debíamos temer en pedir asesoramiento jurídico o legal, ya que el acoso escolar dañaba la autoestima y, en muchos casos, el físico de los niños víctimas de esta lacra.

¿Cómo identificar el acoso escolar?

Dentro de nuestro papel, no sólo como padres sino también como educadores, tenemos que prestar atención a varios síntomas que en nuestro hijo pueden ser reveladores de un acoso escolar y, sobre todo, ¡no debemos nunca restarles importancia! Si así fuera, podríamos dañar por completo la autoestima del niño y minimizaríamos o despreciaríamos su sufrimiento, lo cual sería devastador. Así pues, y dentro de estos síntomas, podemos encontrar la ansiedad, tristeza, irritabilidad, apatía, insomnio, pesadillas, verbalizaciones de culpa, conductas de huida, pérdida de autocontrol, llanto frecuente, rechazo a asistir al colegio, desmotivación, descenso brusco del rendimiento escolar, somatizaciones tales como dolor de cabeza, estómago, ganas de vomitar, trastornos de conducta, emocionales y alimenticios, abuso de alcohol y otros tóxicos, depresión etc. Como lo podéis comprobar son muchos los males descritos que pueden afectar y a lo largo marcar para siempre las actuales y futuras relaciones del niño, así como su visión del mundo. Cuando lo pienso hoy, me entristezco y enfado contra mí misma por no haberme percatado de algunos detalles que ahora me parecen ser claros y nítidos síntomas de acoso escolar pero que no supe ver o descifrar en su tiempo en mi hijo, como por ejemplo su rechazo a ir al cole, su apatía y aislamiento y otras cosas por el estilo. ¡Qué estúpida fui! Pero voy a intentar remediar a ello para que no presente más tarde un trastorno por estrés postraumático (TEPT), una ansiedad generalizada o cualquier otro tipo de dolencias…

Por ello, nos hemos dirigido, mi esposo y yo, al famoso bufete Durán y Durán Abogados para que nos ayuden y defiendan para acabar con dicho acoso y para que se sancionen a los acosadores. Pues, hay que saber que si no se actúa, una gran mayoría de estos personajes acaban convirtiéndose en maltratadores o delincuentes. Un buen abogado experto en acoso escolar, versado en casos de esta índole, es la mejor solución para acabar con esta lacra ya que nos puede asesorar y acompañar durante todo el proceso hasta que nuestro hijo esté fuera de peligro. De momento, ya hemos denunciado el caso en el colegio y vamos a emprender acciones legales para acabar con este despropósito para el bienestar mental y físico de nuestro hijo. Pues, no hay derecho a que por ser un poco diferente a los demás (nuestro hijo es más bien regordete y pelirrojo) y le guste el ballet tenga que ser motivo de burla. Que haya tenido que soportar durante meses los insultos, gritos y maltratos, tanto físicos como psicológicos, de unos cuantos compañeros de clase hasta el punto de querer morir, ¡no me lo puedo perdonar y estos energúmenos se merecen una sanción ejemplar para que no vuelvan a actuar de esa forma con otro niño indefenso! Por el momento, sólo espero que mi hijo recobre la salud y no sufra más tarde trastornos de personalidad. Y porque el acoso escolar es algo muy grave y no “una cosa de niños”, he decidido actuar y denunciar…