Mi experiencia con niños y un perro en casa, de lo más recomendable

Era el cumpleaños de mi hija, cumplía los quince años, una edad mítica, como dice la famosa canción del grupo Dúo Dinámico. Y de alguna manera especial había que celebrarlo. Como a ella le gusta viajar y ver lugares nuevos, pensamos en pasar un fin de semana en Barcelona, e irnos los cuatro, mi marido, mi hija, mi hijo pequeño y yo, como regalo de cumpleaños. Contratamos el apartotel Mercer Bória BCN, que está situado en el centro de la ciudad, en el casco antiguo, en pleno barrio de mercaderes medievales, en un edificio antiguo que le otorga un carácter extraordinario, rehabilitado con muchísimo gusto y acierto. Pasamos un fin de semana impresionante, recorrimos los lugares turísticos más importantes de la ciudad, paseamos por las Ramblas, reímos, disfrutamos de estar los cuatro juntos… En fin, lo pasamos en grande. Yo creo que será un regalo que no olvidará y que le quedará grabado en su recuerdo para siempre.

A la vuelta, puesto que fuimos en coche y nos cogía de camino, paramos en la casa de los padres de mi marido a saludarlos y visitarlos, y los abuelos, como era de esperar, también le tenían una sorpresa preparada. En cuanto entramos en la vivienda, vino a olisquearnos a la puerta un precioso cachorrillo de pastor alemán. Todos nos acercamos a acariciarlo. A mi hija le encantan los animales, sobre todo los perros. En realidad, mi primer pensamiento para hacerle el regalo de cumpleaños fue comprarle o incluso adoptar un perro en la protectora de animales, pero a continuación pensé que seguro que acabaría cuidándolo yo, por lo que deseché esta idea. “Abuela, no me habías dicho nada, ¿y este perrito tan bonito? ¿Desde cuándo lo tienes?”, le preguntó mi hija. Y mi suegra sonrió y le contestó: “Ese perrito tan lindo es tu regalo que cumpleaños, si tú te comprometes, ya que eres mayorcita, a quererlo y cuidarlo como se merece”. Y así, cuando volvimos a casa, ya éramos cinco, pues Lucas ya era un miembro más de la familia.

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Un peludito con mucho amor

Enseguida todos le cogimos un gran cariño, los niños lo adoraban y él se hacía querer, era muy inteligente. Lógicamente en casa pusimos unas normas, yo quería que los niños se responsabilizaran de que no era un juguete, sino un ser vivo que tenía unas necesidades, tanto fisiológicas como de cariño, y que necesitaba unos cuidados. Y así, entre los dos hermanos se pusieron de acuerdo, según el horario escolar de cada uno, y establecieron unos turnos para sacarlo a pasear y a hacer sus necesidades. Según demuestra un estudio, los perros sienten emociones similares a las que pueden sentir los humanos y su actividad cerebral aumenta cuando escuchan la voz de alguien con quien están familiarizados. Saben, asimismo, cuándo te encuentras triste y tienden a agacharse a tus pies llegando incluso a apoyar la cabeza en tu regazo. Pueden detectar enfermedades que padecen sus dueños, ya que por su extraordinario sentido del olfato pueden llegar a detectar las reacciones químicas que estas enfermedades provocan, como es el caso de la diabetes.

Hoy estamos felices. Mi hija dice que fue el mejor cumpleaños de su vida, pues unió sus dos grandes pasiones, el viajar al conocer la encantadora ciudad de Barcelona y tener un cariñoso y fiel amigo como es Lucas, su perrito. En nuestro caso la experiencia ha sido de lo más positiva, nada más lejos de todo eso que cuentan de que los niños ven en los animales un capricho y luego se olvidan de las responsabilidades que esto supone. Creo que la clave estuvo en poner unas normas desde el principio y en que nosotros, sus padres, supervisásemos que se cumplían.

Aparte de notar que mis hijos, ahora ya mayores, se volvieron mucho más responsables, creo que la convivencia con el perro les hizo muy felices y les ayudó a tener juegos nuevos y también a ser más sociables con otros niños que se acercaban a saludar al perro. Está claro que tener un animal en casa no es sencillo, pero creo que ha merecido la pena.