Veranear en familia

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Siempre había pensado que tener un apartamento en la playa para veranear es algo de ricos, y no pensaba solo en el coste de tener una segunda vivienda o de la compra de la misma en una zona tan demandada como la costa española, sino también porque no todos tenemos vacaciones suficientes en verano como para mudarnos a dicha casa con nosotros hijos a disfrutar del mar y del sol mediterráneo. Pero estaba equivocada.

Mi marido acaba de cambiar de empleo porque le salió una oferta de técnico informático (que es lo suyo) en una empresa de mayor calibre y con mejores condiciones y sueldo y, tras pensarlo mucho, hemos invertido nuestros ahorros (unos 35.000 euros) en la entrada de un lugar para veranear que sea íntegramente nuestro porque a partir de ahora mi marido tendrá todo el mes de agosto de vacaciones, los puentes, todas las festividades e incluso algunos días en Navidad. Un lujo ¿no creéis?

Nos pusimos en contacto con una inmobiliaria muy conocida de la costa Alicantina (nuestra favorita) especializada en la venta de apartamentos en Denia y, tras su asesoramiento y una búsqueda exhaustiva hicimos la compra. Aún no me lo creo demasiado, no penséis, pero ya hemos subido dos fines de semana a empezar a decorar y arreglar todo y probablemente pasaremos la semana santa allí, dentro de nada.

 Para remate final de mi alegría Denia ha recuperado dos obras de pintos Llorens, que aunque sé que la mayoría no lo conoceréis, es una retratista de la burguesía del siglo XIX al que adoro (soy profesora de historia del arte) y no pienso perdérmelas.

Mis hijos están como locos con la idea. Imagino que cuando sean adolescentes no querrán venir a Denia (a no ser que se hagan buenos amigos) porque querrán quedarse a pasar el verano con sus “colegas” del instituto y esas cosas, por lo que habrá discusiones y tonterías típicas de esa época, pero actualmente no paran de repetirlo y de pensar que van a pasarse todo el mes de agosto y demás festividades veraniegas bañándose en la playa y disfrutando de la piscina de la urbanización.

Lo más probable es que no volvamos a viajar hasta que los niños no cumplan la mayoría de edad porque tras este gasto y la hipoteca de 40.000 euros en la que nos hemos vestido (que es lo que nos faltaba para la compra del apartamento) no vamos a poder pagar el viaje de cuatro personas ni aunque dejemos de comer un mes así que mejor soñar con esa playa y esa costa y dejar los futuros viajes para sueños más realistas allá por el 2025 más o menos. Pero no me arrepiento. Nadie  de la familia lo hace porque creemos que de verdad va a ser genial tener un pequeño paraíso familiar donde desconectar del trabajo y pasar tiempo juntos disfrutando del simple hecho de tener tiempo libre para estar con la familia y veranear juntos en la playa de nuestro adorado mar mediterráneo.

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