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Ancianos dependientes y niños, la dura elección de los padres

Todos deseamos que nuestros padres y abuelos mueran de mayores por causas naturales, pero esto es algo que no siempre se cumple. En ocasiones, nuestros mayores solo necesitan nuestra atención en momentos puntuales como acudir a realizar la compra junto a ellos, acompañarlos a una cita médica o a una gestión e incluso ayudarles a llevar el control de las pastillas, así como el orden en el que deben de ser consumidas.

Pero el trabajo y el cuidado de nuestros hijos dificulta este acompañamiento en muchas ocasiones, de manera que nos podemos llegar a ver obligados a solicitar la ayuda de un profesional que le acompañe en estas cuestiones y que, de paso, le ayude a sobrellevar uno de los principales problemas que sufren los ancianos: la soledad. En otros casos, sin embargo, nos encontramos ante la posibilidad de que nuestros mayores tengan un pequeño grado de dependencia, que puede verse reflejado en una disminución de la fuerza que no le permite realizar las tareas del hogar o cocinar, en un problema en las piernas que le dificulte el movimiento incluso dentro de la vivienda o en enfermedades como el Parkinson, donde la persona afectada en muchísimas ocasiones tiene problemas incluso para coger un cubierto y ponerse a comer. En este caso, sería recomendable buscar también la ayuda de un profesional que, al menos, se quede con él durante la mayor parte del día.

Pero existe otra opción, que es la más difícil de vivir y la que exige una actuación más rápida y a la vez reflexionada. Se trata de cuando el anciano ya es totalmente dependiente o en su hogar no cuenta con las condiciones necesarias para tener la suficiente calidad de vida. Además, para sus hijos y nietos este proceso también es duro porque vemos que no tenemos los conocimientos necesarios para ofrecerle a nuestros mayores todo lo que necesitan y, además, tampoco disponemos del tiempo necesario para entregarnos a ellos y a sus cuidados en cuerpo y alma.

En este caso, la mejor opción es el internamiento en un centro geriátrico. Allí, además de tener asistencia durante las 24 horas del día y donde están permitidas las visitas, se ofrecen unos servicios vitales para que los ancianos lleven un estilo de vida activo y cuenten con todos los cuidados y atenciones que necesitan. Así, por ejemplo, desde la residencia geriátrica La Nueva Florida, nos informan de los servicios en los que nos tenemos que fijar a la hora de seleccionar la residencia donde decidiremos internar a nuestros mayores. Estos son:

· Cuidados médicos, como el servicio médico y de enfermería, la valoración geriátrica integral, el servicio de atención y el apoyo a las actividades de la vida diaria y las terapias alternativas que el anciano precise.
· Cuidados de mantenimiento, por ejemplo: la fisioterapia, la rehabilitación, el acompañamiento en recuperaciones hospitalarias, el servicio de atención social, la animación sociocultural y la terapia ocupacional.
· Cuidados emocionales, tales como el servicio de peluquería, de podología, la nutrición personalizada con dietas especiales en función de sus necesidades, el ambiente de entorno familiar y el control periódico de la calidad de vida de los internos.

Además, hay que considerar positivamente que a parte de todos esos servicios esenciales la residencia geriátrica oferte también otras opciones como que les ofrezcan juegos de mesa, revistas y periódicos; que les pongan música que les recuerde algunos aspectos de sus vidas; que les organicen talleres de repostería, manualidades o pintura; e incluso que les proyecten películas u otros servicios audiovisuales.

La importancia de acompañar a un anciano

Los adultos mayores son los que tienen más posibilidades de sentirse solos. El aislamiento social es uno de los aspectos que se producen cuando su entorno (parejas, familiares, amigos…) comienzan a morir y, por lo tanto, dejan de tener contacto con esas personas, de hacer lo que hacían con su compañía, de recibir llamadas o incluso de tener conversaciones con otras personas de su edad que les comprenden y saben por lo que están pasando. En ese sentido, muchas veces llegan a sentir que sus vidas o sus problemas no interesan a nadie. Además, el padecimiento de algunas enfermedades, así como procesos de largos internamientos hospitalarios también pueden conducir a estas situaciones, ya que son momentos en los que los ancianos pasan mucho tiempo solos y desconectados de su vida, de su día a día y de lo que pasa más allá de la habitación del hospital.

Otro aspecto que afecta a la soledad de la persona mayor son los problemas de pérdida auditiva, ya que  la persona no es capaz de mantener una conversación, pero tampoco alcanza a escuchar la radio, la televisión, el ladrido de un perro o el ruido del tráfico.

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