Fiesta de disfraces con animales: todo lo que tienes que saber

Organizar una fiesta de disfraces es algo que siempre gusta, lleva su tiempo, pero la verdad es unos tiempos donde nos cuesta tanto sonreír, hacer estas cosas es un chute de energía.

Ahora bien, en mi caso siempre quiero hacer algo más. Algo que sea diferente soy de esas personas que se salen de la media. Por eso tenía muchas ganas de que también participaran los animales de la familia, es decir, las mascotas, y de algunos amigos. Sabía que mezclar niños, disfraces y animales podía ser muy divertido, pero también que debía hacerlo con cuidado. Por eso me puse a planearlo con tiempo y prestando atención a cada detalle. No quería que nada se me pasara.

Lo primero que hice fue pensar en el espacio. Quería que todos se sintieran cómodos. Elegí el patio grande de mi casa porque tiene suficiente sitio para que los niños corran y los animales también puedan moverse sin peligro. Para hacerlo más seguro, retiré todos los objetos que podían caerse o romperse, como macetas, herramientas y cables. Esto es algo que es básico.

También cerré las puertas de las áreas donde no quería que entraran los animales, como la cocina o las habitaciones. Así que apunta y echa un vistazo los lugares más incómodos.

Luego pensé en los disfraces. Quería que los niños se divirtieran, pero también que los animales estuvieran cómodos y sin estrés. Por eso pedí a los padres que los disfraces de los niños no tuvieran partes que colgaran demasiado, ni máscaras que taparan totalmente la cara, porque eso podía asustar a los animales.

Para los animales, les pedí a los dueños que usaran disfraces muy simples: un pañuelo en el cuello, un arnés con color, o una capa ligera. Nada que apretara, pesara o dificultara su movimiento. Siempre dije que si algún animal no quería disfrazarse, no pasaba nada; lo más importante era que estuviera tranquilo.

Lo tenía todo tan preparado que se me olvidaron mis disfraces. Menos mal que conozco la web de La Casa de los Disfraces, así que entré y busqué disfraces para mis niños y para mi perro. En menos de 48 horas ya los tenía en casa. Otra prueba superada.

El día de la fiesta

El día de la fiesta llegué temprano para organizar las zonas. Preparé un área para juegos de niños, un espacio para que los animales descansaran si se cansaban, y una mesa baja con agua fresca para ellos. También preparé varias botellas de agua y tazones extra, por si algún dueño olvidaba los suyos. Otra cosa que tuve en cuenta fue el ruido. Evité poner música muy fuerte porque algunos animales se ponen nerviosos con sonidos intensos.

Cuando los invitados empezaron a llegar, fui observando cómo reaccionaban los animales. Algunos perros estaban muy contentos, moviendo la cola y buscando jugar. Otros animales, como un conejito y un gato que vinieron, se quedaron en brazos de sus dueños un rato hasta que se sintieron seguros. Me mantuve atento para asegurarme de que nadie se sintiera incómodo.

Una de las precauciones más importantes que tomé fue explicar las normas al inicio. Reuní a los niños y a los adultos y dije claramente que no se podía correr hacia los animales ni tocarlos sin permiso del dueño. También les pedí que no ofrecieran comida a los animales sin preguntar antes, porque algunos tienen dietas especiales o alergias. A los dueños les pedí que vigilaran siempre a sus mascotas y que avisaran si notaban que algo las ponía nerviosas. Mi idea era que todos se relajaran, pero sin olvidar la seguridad.

Los juegos los organicé de forma sencilla. Hicimos un desfile de disfraces donde cada niño caminaba con su mascota o mostraba un pequeño truco, si el animal sabía alguno. También puse una mesa de pintura para que los niños decoraran máscaras de cartón y así no tuvieran que molestarse en cambiar sus disfraces si se manchaban. Para los animales, preparé una zona con pelotas, cuerdas y túneles de tela. Así podían entretenerse sin molestar a los niños.

Para la comida decidí separarlo en dos mesas: una para los humanos y otra para los animales. En la mesa de personas coloqué bocadillos simples como sándwiches, frutas y galletas. En la mesa para animales puse premios saludables comprados especialmente para la fiesta. También coloqué carteles para que nadie confundiera una mesa con la otra. No quería que alguien por accidente diera comida humana a un animal o que un niño tomara una galleta de perro.

Durante la fiesta fui revisando de vez en cuando si alguien necesitaba algo. Un perro empezó a ladrar mucho cuando vio a otro, y para evitar un mal momento propuse a sus dueños que lo llevaran a la zona tranquila. Allí se calmó con agua y unos minutos de descanso. Me di cuenta de que tener un “espacio silencioso” fue una idea muy buena.

Cuando llegó el momento de entregar pequeños premios por los disfraces, traté de que todos se sintieran incluidos. No hice concursos competitivos. En cambio, preparé pequeños diplomas con mensajes como “El más simpático”, “El más colorido”, “El más tranquilo” o “El más original”. Así cada niño y cada mascota recibió un reconocimiento y se fueron felices.

La verdad es que es algo que os recomiendo a todos.

 

 

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